miércoles, 11 de junio de 2008

ELUCUBRACION II

Bueno, por fin el último de los relatillos. Aunque en realidad el anterior y éste podría decirse que son el mismo. Ya no volveré a martirizarles con las andanzas de este grupo de salvajes, homicidas, caníbales, genocidas, traidores y cobardes que todos amamos. Ya no se con qué postearé en el futuro, sniff...


Leer el relato.




Eran las 7 de la mañana. Hacía una hora que la gente había comenzado su rutina diaria, saliendo al campo a labrar, al bosque a cazar y al corral a hacer guarradas. En la taberna “el Gato Rancio”, ahora famosa por su especialidad en liebres cocidas, se encontraban los más grandes héroes de la antigüedad, celebrando alguna de sus muchas victorias.

- ¡Aaaaaargh! - bramaba el Nano mientras una nube de pies le golpeaba sin misericordia. Todos los héroes, menos Giman, que intentaba desclavar su espada del techo, estaban ocupados en patear al Nano. Cuando terminaron, se sentaron alegremente en su mesa y se dispusieron a almorzar. El tabernero les sirvió a todos sopas de leche para comer. No importaba lo que le pidieran, él siempre servía sopas de leche. Decía que hasta que aprendiera a cocinar tendrían que arreglarse con eso. De todas formas, el chico se esforzaba por aprender. En uno de sus experimentos gastronómicos le sirvió a unos turistas un plato exquisito a base de setas y tornillos que aquellos hombres alabaron. Y cuentan que esos turistas, al reemprender su viaje, se vieron presa de tal sentimiento de culpabilidad que se enterraron al pie de un chopo que se encontraron en el camino, sirviendo de abono a unas rosas maravillosas que años más tarde serían recogidas por un galán para hacer que su enamorada se las tragase. Pero esa es otra historia que quizá no tenga nada que ver con aquellas setas.

Mientras tanto, nuestros héroes terminaban sus dos arrobas de sopas de leche, que acompañaban con cerveza, y se disponían a enfrentar el día con optimismo y alegría. Entonces ocurrió todo. La puerta cayó al suelo hecha astillas con gran estrépito, la comida saltó de los platos, las ventanas desaparecieron, el tabernero se convirtió en un chimpancé y allí, en la puerta, apareció el mensajero del rey, empapado y lleno de cangrejos de río por todo el cuerpo.

- Busco a los héroes del reino - dijo, y los héroes del reino le respondieron.

- Te respondemos - dijeron los héroes del reino.

- Una peligrosa misión os espera. Debéis acompañarme - dijo el mensajero. Salió por la puerta y cabalgó durante muchos kilómetros, a través de marismas y pantanos, por bosques llenos de criaturas salvajes y parajes desolados en los que abundaban los peligros. Cabalgó hasta que se dio cuenta de que los héroes se habían quedado en el pueblo, y tuvo que volver a pasar por los parajes desolados, los bosques, los pantanos y las marismas de vuelta a la posada.

- Mira que sois cabrones - les dijo a los héroes. - ¿Queréis acompañarme de una condenada vez?

- Si claro - dijo Coñan. - A una peligrosa misión para vete a saber qué. Yo no iré.

- ¡Ni yo! - dijeron a coro los demás héroes, excepto Bárbara, que dijo “grofs”.

- ¡Pero el rey Pringasaltos 4º requiere vuestra presencia! - dijo el emisario.

- ¿Para qué? - dijo el Nano, y le pegaron. Y pegaron también al mensajero, al resto de la posada y al posadero. Aquel día estaban realmente en forma, y para completarlo, nuestros héroes decidieron despedir al mensajero de una patada y enviarle de vuelta ante su rey.

- Ya estoy harto de reyes y estúpidas misiones - dijo Coñan.

- Di que sí - dijo el Guerrero del Antifax.

- Sí - dijo Coñan.

- Goapfsl - dijo Bárbara.

- Oimmmngfs - dijo Giman, intentando desclavar la Espada en el Techo. En ese momento entró un muchacho acompañado de un anciano hechicero.

- Aquí está, Arturo - le dijo el viejo al joven. Éste se acercó a la Espada en el Techo y la arrancó sin apenas esfuerzo. Al verlo, Giman le dio una colleja al chico, una patada al viejo y se quedó con la espada.

- ¡Por fin! - dijo, y, enfundándola, se sintió anonadado.

- Todos los tontos tienen suerte - dijeron sus tripas.

- Quizá deberíamos buscarnos nosotros mismos aventuras para conseguir tesoros - dijo el Nano, y, aunque les pareció buena idea, le pegaron.

- ¡Tiene razón! ¡No necesitamos que nadie nos encargue nada! ¡Vayamos nosotros a buscar fortuna por el mundo! - dijo Pipumpápumpi, el gemelo guapo. Los héroes, decididos, partieron en busca de aventuras. Al salir de la posada, se toparon con un anciano mendigo que les pidió limosna. Ellos le metieron en un barril con pinchos y le tiraron pendiente abajo.

- ¡Toma limosna! - dijo Pipumpapumpí, el gemelo feo, observando cómo el barril se perdía en la lejanía, rebotando contra las piedras y atropellando a alguna vieja de vez en cuando.

- No nos entretengamos, vámonos - dijo Giman, depilándose un brazo. Los héroes se fueron del pueblo, justo cuando al otro extremo lo invadía una horda de orcos que después de arrasarlo todo murieron presa de una intoxicación etílica.

Varios días más tarde, nuestros héroes decidieron pensar que estaban andando en círculos, hartos ya de encontrarse con el mismo chopo solitario una y otra vez.

- ¡Estamos perdidos! ¡Vamos a morir! - dijo el Nano, y le pegaron.

- Esperad, viene alguien - dijo el Parjolillo. Y efectivamente venía alguien. Se trataba de un grupo de sacerdotes montados en mulas, que se acercaron a ellos.

- ¿Podríais decirnos cómo ir a la aldea de Orenceenji? - preguntaron a nuestros héroes. Éstos les indicaron el camino, y a la décima vez que los sacerdotes se reencontraron con nuestros héroes y el chopo, se les hizo evidente que estaban andando en círculos. Alarmados ante esta situación, ambos grupos decidieron ponerse en marcha a la vez. Volvieron a encontrarse ante el chopo. Se entremezclaron y se marcharon, y volvieron a encontrarse ante el chopo. Al final, quemaron el chopo y cada grupo se fue por su lado. No volvieron a encontrarse, pero cuentan que aquellos sacerdotes llegaron a tierras extrañas que nunca antes había pisado el hombre. Por ese motivo las mujeres que allí vivían se entusiasmaron con su llegada y les quitaron los hábitos, la virginidad y cualquier deseo de continuar con aquel estúpido celibato. Se casaron con ellas y les dieron muchos hijos que, al crecer, padecerían espasmos musculares en las piernas. Pero esa historia deberá esperar a otro momento.

Mientras tanto, nuestros héroes llegaron al país de los gnolls, unas criaturas mitad gnomos y mitad trolls. Verlos era algo chocante, porque tenían el cuerpo de un troll y las piernas de un gnomo, de forma que semejaban un inmenso torso que avanzaba flotando a un palmo del suelo. Sin embargo eran feroces y crueles, y convenía evitar su compañía. Por desgracia, nuestros héroes no pudieron evitar dicha compañía, y pronto se toparon con un fornido grupo de gnolls, que, blandiendo sus enormes garrotes, insistieron en que les acompañaran a su poblado.

Una vez en el poblado, el jefe gnoll les dijo a los héroes que no les convertiría en filetes si llevaban a cabo una misión para ellos.

- ¿De qué se trata? - Preguntó el Guerrero del Antifax.

- Existe al sur de nuestro poblado una cueva en la que un enorme dragón custodia un tesoro de gran importancia para nosotros. Deberéis recuperarlo - dijo el jefe.

- ¿Y por qué deberíamos hacerlo? - preguntó el Nano, y le pegaron. Después de aporrearle, los gnolls cogieron a Pipumpápumpi y lo metieron en una hermosa jaula de oro y diamantes. Por desgracia era tan pequeña que tenía que sacar los brazos y las piernas por entre los barrotes, situación que le pareció harto incómoda.

- Esta situación me parece harto incómoda - dijo el gemelo guapo, y un gnoll le dio una colleja.

- Si no me traéis el tesoro, no volveréis a ver a vuestro amigo - dijo el jefe. - De modo que si os importa en algo su suerte, traeréis ese tesoro.

Pero a los héroes les importaba un carajo la suerte de su amigo, de modo que se fueron y no volvieron. Y cuentan que los gnolls mantuvieron a Pipumpápumpi en la jaula para que les cantase en las fiestas. Luego ellos le daban de comer alpiste y le tiraban tomates por lo mal que cantaba, y todos se reían mucho y eran felices. Pero esa historia quizá la cuente más adelante.

Mientras tanto, nuestros héroes llegaron a una ciudad costera que estaba al lado del mar.

- Quizá allí encontremos buena comida - dijeron las tripas de Giman. El que hablaba, concretamente, era el demonio de 9º nivel. Tanto él como sus tres compañeros estaban hartos de la dieta a base de picante que llevaba Giman. Él lo hacía para fastidiarles, pero la verdad es que ya tenía ganas de variar un poco el menú.

- Tiene razón, vayamos hacia allí - dijo el Nano, y le pegaron.

Al llegar a la ciudad, nuestros héroes se encontraron con un bardo que estaba siendo apedreado por la multitud. Sin dudarlo un instante salieron en su ayuda, masacrando a todos los que le atacaban. Cuando los pocos supervivientes hubieron huido, el Guerrero del Antifax se acercó al pobre bardo.

- Tranquilo, amigo mío, ya estás a salvo - dijo. El bardo alzó la cabeza y todos pudieron ver que era Pipumpapumpi, el gemelo normal.

- Sen(987,5)x45646=-2,051016780635122 - dijo Sancho Ensanchado. Emocionados por el reencuentro, nuestros héroes patearon al gemelo normal hasta la inconsciencia, para después dejarle tirado a merced de la multitud. No encontrando nada mejor que hacer allí, se marcharon a una taberna de puerto.

- ¡Esta cerveza sabe a pescado! - dijo un parroquiano antes de que el tabernero le arrojase al mar con un peso atado a los pies. El resto de los clientes encontró muy rica la cerveza, después.

-¿Sabéis? - dijo Coñan. - Estoy pensando que deberíamos embarcar hacia las Tierras Salvajes, en busca de fortuna.

- No es mala idea - dijo el Nano, y le pegaron. En ese momento entró Pipumpapumpi, el bardo, y se sentó con sus amigos. Si alguno de ellos sintió curiosidad por saber cómo es que seguía vivo, lo disimuló muy bien. Una vez todos juntos, decidieron embarcarse en un barco llamado Chisgarabís, que zarpaba hacia tierras desconocidas. El capitán era un extraño tipo que sólo sabía rugir y luchar, al que todo el mundo conocía simplemente como el Viajero. A Coñan no acababa de caerle bien, pero Bárbara pronto hizo buenas migas con él.

- Rouarrrrghhhh - dijo el Viajero, y todos los marinos arriaron las velas, por si acaso. Boing Bum Tchack subió al puesto de vigía. Al principio se lo encomendaron a Fingungu, pero no pudo terminar de escalar el poste. Pasó varios días a medio camino hasta que pudo despegarse. Durante ese tiempo sus compañeros practicaron el tiro con arco con él. Cuando el barco zarpó, se dieron cuenta de que no habían cogido víveres, pero ahora no iban a volver atrás por una cosa tan tonta.

Con el paso del tiempo, la tripulación empezó a tener hambre, y a jugar a ver quién saca la pajita más corta. Y el juego no tenía gracia, porque siempre la sacaba el mismo. Mientras, nuestros héroes intentaban pescar algo con unas cañas de pescar improvisadas. Bárbara pescó bastante para abastecer a toda la tripulación, pero como era una chica no le dieron mucha importancia. Los dos bardos gemelos cantaban para atraer a los peces, Coñan intentaba sacarse el anzuelo de un dedo, Giman se pegaba barrigazos contra el palo de mesana a ver si sus tripas dejaban de decirle lo mal que pescaba, y el Nano cogía un montón de peces que, una vez en cubierta, le pateaban y volvían a saltar al mar. Fingungu pescó un ballenato, pero como no pudo soltar la caña porque se quedó pegado, el ballenato le arrastró hasta lugares lejanos. Y cuentan que en el trayecto se quedó limpio y no sólo dejó de adherirse a cualquier superficie, sino que le resultó tan atractivo a una hermosa reina que ésta decidió tatuarle todo el cuerpo con imágenes de escarabajos verdes, para luego enviarle a recuperar un cuadro impresionista que le había robado un enano miope. Pero esto forma parte de otra historia que ahora no voy a narrar.

Mientras, nuestros héroes pasaban el tiempo en el barco como podían. Los bardos amenizaron la velada con sus canciones hasta que fueron objeto de múltiples agresiones por parte de sus compañeros. Agresiones que también sufrió el Nano, aunque no cantó nada. Giman practicaba con su espada, cortando todo lo que se ponía a su alcance. Coñan, por no ser menos, practicaba también con su arma, haciendo malabarismos fantásticos con ella. El Parjolilllo lanzaba conjuros a diestro y siniestro. El Guerrero del Antifax y Bárbara también se unieron al espectáculo, combatiendo entre ellos con su espada y su escoba respectivamente.

- ¡Groooouaaargfssss! - el rugido del capitán terminó con la fiesta y nuestros héroes volvieron a la realidad. Sólo entonces descubrieron que su entusiasmo inicial en el entrenamiento pronto devino en una orgía de sangre y destrucción que aniquiló a toda la tripulación y despedazó el barco por completo. Ahora estaban rodeados de cadáveres en un despojo que se hundía lentamente.

- Creo que nos hemos pasado, chicos - dijo Coñan, procurando no pisar ningún cadáver.

- ¿Crees que le habrá molestado? - preguntó Giman refiriéndose al capitán. Antes de que le contestasen, el capitán le pateó por imbécil.

- Chicos, ésto se hunde cada vez más - dijo Pipumpapumpí.

- ¿Y ahora qué hacemos? - preguntó Boing Bum Tchack, sacándose un barbo de los pantalones.

- ¡Groupfs! - dijo Bárbara viendo a su padre entre los barbos.

- ¡Ouauargfs! - dijo el Viajero señalando a una barca. Todos se dirigieron hacia ella, pero la barca, viendo lo que se le venía encima, huyó lejos de allí. Y cuentan que aquella barca viajó durante muchos días, hasta llegar a unas costas en las que conoció a una dulce niña. Ambas se hicieron amigas y, al crecer, navegarían juntas tan lejos que el hambre les obligaría a devorarse mutuamente. Pero esa historia puede esperar.

Mientras tanto, nuestros héroes se encontraron compuestos y sin barca. Estaban ya con el agua hasta el cuello cuando vieron una manada de delfines a lo lejos. Les hicieron señas y los simpáticos animales se acercaron hasta ellos, les dieron unos cuantos bofetones con sus aletas y se marcharon.

- Buedo, eftabos igual que adtes - dijo el Nano, y le pegaron.

- Si no encontramos algo en lo que flotar, estamos perdidos - dijo Bárbara.

- ¡¿Qué has dicho, Bárbara?! - preguntó Giman.

- Groarpfs - contestó Bárbara.

- Ah... pues habría jurado que... - dijo Giman, y se sintió alucinado.

- Bueno, chicos, me temo que no podemos hacer nada - dijo el Parjolillo. En ese momento llegaron unos domingueros en una lancha motora y les mantearon durante 345 horas. Cuando les dejaron, a Giman le pareció ver a lo lejos un inmenso madero, pero creyó que era una alucinación. Lo creyó tan firmemente, que cuando sus amigos le instaron a subir en él desde arriba, se negó en redondo. Tuvieron que darle una paliza para convencerle.

Pasaron muchas lunas subidos en aquel madero. El hambre se hizo insoportable. Finalmente, empezaron a roer el madero. El Guerrero del Antifax, desesperado, se recostó en uno de los extremos del madero y, sorprendido, comprobó que había una cuerda atada a él. Dicha cuerda no flotaba en el agua, sino que ascendía. Al mirar hacia ella, vio que estaba atada a tierra. Al parecer el capitán se olvidó de soltar las amarras al salir. Si durante estos días de infortunio hubieran mirado atrás habrían visto el puerto, y a todos sus habitantes observando divertidos sus peripecias desde unas gradas que construyeron para tal acontecimiento, sin advertirles de nada los muy canallas.

Dos días más tarde, nuestros héroes seguían en el madero, porque les daba vergüenza subir después de lo ocurrido. Al tercero el hambre se hizo verdaderamente atroz para ellos y subieron al puerto. En la taberna el posadero les regaló una ronda de cerveza y unos globitos, por lo bien que se lo había pasado. El resto de la comida tuvieron que pagársela con lo que les quedaba. Después de comer intentaron enrolarse en otro barco, pero ninguno les quiso a bordo.

- Bueno, ¿y ahora qué hacemos? - dijo el Nano, y le pegaron.

- Quizá podríamos aceptar aquella misión del rey - propuso el Parjolillo.

- Ya era hora, coño - dijo el emisario del rey, que apareció en ese momento. Tras pegarle, los héroes se acercaron al castillo del rey Pringasaltos 4º. Nada más llegar, les condujeron ante su presencia, y el rey se asustó tanto al verles que le dio un síncope. Los héroes, al ver que habían viajado hasta allí para nada, patearon al rey y se fueron.

- Yo no sabía que iba a pasar esto - se excusó el mensajero. Iban a salir del castillo cuando una vieja le hizo señas a Coñan para que se acercara. Coñan se acercó a la vieja, y ésta le estampó un florero en la cabeza para después encerrarse en sus habitaciones.



FIN

4 comentarios:

Zanthia Khalá dijo...

JUAJAJAJA XDDDD Tio, eres la bomba!!

Ozanu dijo...

¡Las dos últimas partes de las hazañas de los grandes héores del reino! ¡Ah, poca duda me cabe de que no puede haber en el multiverso entero tanto valor, gloria y lucha por el bien como el presente en estas escasas páginas! ¡Ojalá alguna vez pueda volver a disfrutar de algo igual!
... XDDDD ¿No sería posible que hicieras una continuación, o alguna obra nueva? Sería una buena solución para tener tema del que escribir, ¿no crees? :D

Chache dijo...

Jo, en serio, me malcriais con tantas alabanzas. *^.^*

Pero no, no va a haber mas. Aparte de que no me parece una buena solución para tener tema con el que actualizar, porque no voy a postear siempre lo mismo, es que como ya dije en su momento son historias muy repetitivas. Todo se reduce a que hagan locuras, Giman se depile, Bárbara ruja, el Nano cobre y mientras tanto les manteen a todos. Eso da mu poco juego.

No puedo creer que yo haya dicho eso.

Ghanima Atreides dijo...

Joooo
Pero son muy divertidos!!!!!
v_v

También puedes hacer relatos nuevos con nuevos personajes ^^

O contarnos tus desventuras, que no se ná de tí, hijo v_v

becho!!!

Y gracias por comentar en mi blog ^^
( a to esto, tiés un meme por ahí abajo en mi blog :P)